Por Raúl Zaldivar

Cuando vemos al futuro, éste nos parece como algo muy lejano, empero cuando vemos al  pasado,  experimentamos exactamente lo contrario. Seguro que este 02 de diciembre, cuando mi madre vio 48 años atrás, le pareció que fue ayer que yo nací. Cuando los seres humanos llegamos a la Mediana Edad es cuando vemos a la vida desde otra perspectiva y comenzamos a evaluar las decisiones que tomamos en el pasado y que han traído como aparejada consecuencia la clase de vida que nosotros estamos viviendo.

Ningún ser humano que me hubiera conocido hace 35 años hubiera apostado nada por mí, parecía que la suerte ya estaba echada y que irremediablemente estaba destinado a transitar el tipo de vida que viven los hombres comunes y corrientes, hasta que aconteció un hecho que le cambió el rumbo a mi existencia, a la mujer que iba a ser mi esposa (sin conocerla) a la que iba a ser mi hija (que nació 14 años después) a mis generaciones futuras (que aún no han nacido) y a muchas personas con las que me relacionado en muchos países. Ese acontecimiento ocurrió un 24 de diciembre del año 1980 cuando decidí entregarle mi vida a Jesucristo quien comenzó a operar en mi de una forma que hoy, 30 años después, sigo pasmado.

Dios inició una obra profiláctica en mi corazón, puso en completo orden mi mundo interior, comenzó un proceso de dignificación de mi reputación y opero el más grande de los milagros, efectuó un cambio de mentalidad que me ha permitido apreciar la vida en todo su dimensión y de vivirla intensamente y en su máxima expresión. Al final, lo único que me diferenció de aquellos que según los estándares de este mundo eran mejores que yo, o más inteligentes o más machos, pero que hoy viven en el anonimato, o están muertos o en situación de miseria, fue que yo pedí perdón de mis pecados a Dios. En realidad esa es la única diferencia, pues el mundo no se divide entre ricos o pobres, blancos o negros, sabios o ignorantes, el mundo está dividido por la cruz de Cristo, aquellos que creemos y vivimos conformes los principios de la Palabra y aquellos que no.

A mis 48 años, veo el mundo con optimismo, con expectativa, con deseos, aunque miro menguar mi capacidad física y debo observar una serie de cuidados que antes me parecían fantasías, pero a pesar de eso, creo que cosas  grandes para mi vida están por venir y veo mi futuro en esta tierra como algo lejano aunque mi pasado muy cercano. Pero si voy a ser honesto con ustedes,  la expectativa más grande que tengo es estar con el Señor cuando ya no tenga este cuerpo, a ese día glorioso el himnólogo le llama Gloria sin fin. Sin lugar a dudas, el estar en la presencia de Dios en esa dimensión será lo que el apóstol Pablo llama la corona de la vida. Veo mi futuro apuntando a ese gran día, a ese gran acontecimiento para el cual he sido marcado por la pura Gracia de Dios, mientras tanto, sigo viendo al futuro y ahora en la Mediana Edad con una ventaja que no tenía cuando era un mancebo, esa ventaja se llama experiencia, madurez, conocimiento, reputación. Todo lo que tengo que hacer ahora es capitalizar todo este impresionante activo que poseo y como dicen por ahí, el cielo es mi límite. Sí puedes observar en lo que he escrito, nunca mencioné dinero ni posición social ni ninguna cosa de la cual la gente comúnmente se jacta y no le mencioné porque nunca he tenido ni buscado la cosas por las cuales se afanan las personas que están al otro lado de la cruz. Lo maravilloso de todo esto, es que he vivido y disfrutado la vida de una manera que un potentado de este mundo tendría envidia y me refiero a cosas materiales y espirituales igualmente y esto lo digo para que el nombre de Dios sea glorificado y dejar palmariamente establecido que la Gracia de Dios opera más eficazmente que las falacias de este mundo materialista en el que vivimos, de manera que mi oración a Dios es sigue enseñándome a contar mis días, de manera que traiga a mi corazón sabiduría.

Ahora, sí tú que lees este artículo y no puedes decir lo mismo que yo y crees que eres víctima de tu pasado, el cual te persigue e impide que tengas paz en tu corazón o crees que ya es muy tarde para ti, yo tengo buenas noticias, nunca es tarde y sí es posible romper con el pasado  y comenzar una nueva vida en Cristo Jesús, a esto es precisamente lo que Jesús llama el nuevo nacimiento, todo lo que tienes que hacer es reconocer que te has equivocado y que has fundado tu vida en la arena movediza de la filosofía de este mundo, pero que hoy decides cambiar de mentalidad y establecer tu vida bajo los principios de la Palabra de Dios, entonces experimentarás las maravillas que hemos experimentado todos aquellos que hemos creído en Jesucristo.
Mi estimado amigo, ningún tiempo es mejor para hacer esta decisión que la navidad (Un 24 de diciembre hace 31 años le entregué mi corazón a Cristo)  y comenzar un nuevo año con una nueva vida. Parece que fue ayer, aquel 1 de enero de 1981 cuando salí de la Iglesia después de aquella larga oración de don Enrique Peñalva. Lo que ocurrió ese año, marco la ruta de estos 31 años maravillosos que he vivido y mientras sigo en este cuerpo, espero el gran día orando: Enséñame a contar mis días, de tal manera que traiga a mi corazón sabiduría.